La "cultura de la transa" que cita Mario Luis Fuentes en el artículo abajo compartido, fue incubada cuando el presidente Ernesto Zedillo, alrededor de 1997, decidió eliminar la educación cívica de las primarias y secundarias mexicanas, con el propósito deliberado de erosionar los valores sociales en un contexto de pobreza fabricada vía políticas neoliberales, para "integrar" a México en el proceso de regionalización norteamericana. Se preveía una transculturización que debilitara el nacionalismo forjado en los gobiernos postrevolucionarios, y permitiera la asimilación del estilo de vida estadounidense.

Irónicamente, la alternancia política del año 2000 requebrajó el poder monolítico del PRI y facilitó la infiltración del "crimen organizado" con todas sus ramificaciones posibles, al poder político.

Fuentes participó, sucesivamente, en los gobiernos de Carlos Salinas y Zedillo, con diferentes cargos en el área de políticas sociales. De modo que cuando habla de un cambio cultural y no puntualiza hacia dónde sería, deja muchas incógnitas sobre lo que debe ser el futuro de México, a la luz de los eventos globales contemporáneos: ¿Se puede aspirar a un nacionalismo que generó crecimiento económico sostenido del 8% del PIB y una clase media consistente por casi 70 años, se puede reinventar un país independiente o el destino de las nuevas generaciones de mexicanos se parecerá, en el mejor de los casos, al de los nativos sobrevivientes a la colonización norteamericana de los siglos XVII y XVIII?


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