Zygmunt Bauman en "Modernidad líquida":

El punto de partida de la "gran transformación" que dio nacimiento al nuevo orden industrial fue el divorcio entre los obreros y las fuentes de su sustento. Ese acontecimiento trascendental fue parte de una transformación más integral: la producción y el intercambio dejaron de estar inscriptos dentro de un modo de vida más general, indivisible y de hecho más abarcador, y entonces fueron creadas las condiciones para que la mano de obra (junto con la tierra y el dinero) fuera considerada meramente una materia prima y tratada como tal. Podemos decir que fue esa misma desconexión la que dejó a los trabajadores y su capacidad de trabajo en libertad de moverse, de ser movidos, y por lo tanto de ser usados para otros ("mejores" más útiles o provechosos) fines, de ser recombinados, de entrar a formar parte de otros ("mejores" más útiles o provechosos) planes. El divorcio entre las actividades productivas y el resto de los objetivos de la vida permitió que el "esfuerzo físico y mental" se cristalizara bajo la forma de un fenómeno en sí mismo una "cosa" que podía ser tratada como las demás o sea que ese esfuerzo podía ser "manejado", movido, unido a otras "cosas" o separado.

A los testigos más esclarecidos de la época les pareció que la nueva inactividad y el desarraigo de los obreros eran indicadores de una emancipación de la mano de obra -y que formaban parte de la excitante sensación de liberación general de las habilidades humanas respecto de las exasperantes y embrutecedoras limitaciones pueblerinas, de la fuerza de la costumbre y de la inercia hereditaria. Pero la emancipación de la mano de obra de sus “limitaciones naturales" no le permitió flotar libremente sin ataduras ni "amos" por mucho tiempo ni hizo nada por darle autonomía, autodeterminación o libertad de elegir y seguir su propio camino. Cuando el autoperpetuado "modo de vida tradicional" del cual el trabajo formaba parte antes de su emancipación fue desmantelado o simplemente cayó en desuso, fue reemplazado por otro orden; pero esta vez no se trataba, sin embargo, del sedimento de los erráticos meandros del destino o los deslices de la historia, sino de un orden prediseñado, "construido", producto racional del pensamiento y la acción. Cuando se supo que el trabajo era la fuente de la riqueza, la razón fue la encargada de drenar, expoliar y explotar esa fuente más eficazmente que nunca hasta entonces.
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