“Como explicaba el historiador Henri Pirenne, el mercado irrumpió en Europa a partir del siglo X. La causa fue un aumento de la población que liberó del campo a un número cada vez más considerable de personas condenadas “a ese tipo de existencia errante y azarosa que, en todas las civilizaciones agrícolas, es el destino de aquellos que ya no pueden seguir trabajando en la tierra. Multiplicó la masa de vagabundos pululantes a través de la sociedad, viviendo de las limosnas de los monasterios, contratándose en épocas de cosecha, alistándose en el ejército en tiempos de guerra y no retrocediendo ante la rapiña y el pillaje cuando la ocasión se presentaba. Entre esta masa de desarraigados y aventureros hay que buscar sin duda alguna los primeros adeptos al comercio”.

En los inicios de la modernidad, los comerciantes eran pillos, granujas, buscavidas que se liberaron al desarraigarse de sus comunidades locales y se agruparon en bandas armadas para protegerse de los ladrones. San Goderico de Finchale nació a finales del siglo XI en Lincolnshire, en una familia de campesinos pobres. Tuvo que ingeniárselas desde la infancia para sobrevivir espigando en las playas los restos de los naufrágios. Tras algún descubrimiento afortunado se convirtió en buhonero, logró juntar algo de dinero y se unió a una comitiva de mercaderes a la que seguía de feria en feria hasta que finalmente fletó un barco con otros compañeros y se enriqueció.

El mercado generalizado es de origen canalla. En una fecha tan tardía como 1718, un ensayista inglés describía a los comerciantes que especulaban con productos de primera necesidad como “un grupo de hombres viles y perniciosos”.

(...) En 2010 la Harvard Business School una escuela de posgrado de élite donde estudiaron, entre otros, George W. Bush o Felipe Calderón escogió la piratería somalí como el mejor modelo de negocio del año.”

Capitalismo canalla, Cesar Rendueles
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