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beba pihen
El charlatán es esclavo de sus palabras; el que calla es dueño de sus pensmientos.
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ALGO ACERCA DEL PUNTO Y COMA
http://lema.rae.es/dpd/srv/search?id=XAD3nkRJmD6NjdyDQ0
No sé si es una moda editorial, o una actitud que depende de los hábitos y circunstancias de los lectores; pero percibo una postura reticente hacia el uso del punto y coma.
Personalmente, me siento muy segura acerca del tema; por esto me permito acercar algunas pautas de la Real Academia Española para el uso de este signo de puntuación, aunque estoy segura de que la mayoría las conoce.
Con frecuencia me lo señalan como “abuso”; me aconsejan “no usarlas si no las conozco muy bien”. No obstante, las pautas de uso son muy claras.
La Academia señala: El punto y coma es, de todos los signos de puntuación, el que presenta un mayor grado de subjetividad en su empleo, pues, en muchos casos, es posible optar, en su lugar, por otro signo de puntuación, como el punto y seguido, los dos puntos o la coma; pero esto no significa que el punto y coma sea un signo prescindible.
Presenta varios ítems; elijo estos dos, porque parecen ser los que despiertan más críticas:
1- la separación de oraciones independientes claramente relacionadas por lo semántico; o
2- la separación de elementos de enumeración modificados por complementos (enumeraciones complejas).
Y presenta los siguientes ejemplos:
1- Era necesario que el hospital permaneciese abierto toda la noche; hubo que establecer turnos.
Todo el mundo a casa; ya no hay nada más que hacer.
2- Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda; el segundo, por la derecha; el tercero, de frente.
Y concluye: En la mayor parte de estos casos, se podría utilizar el punto y seguido. La elección de uno u otro signo depende de la vinculación semántica que quien escribe considera que existe entre los enunciados. Si el vínculo se estima débil, se prefiere usar el punto y seguido; si se juzga más sólido, es conveniente optar por el punto y coma.
Espero que este aporte sea de utilidad para todos.


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Interesante y muy bien escrito. Un saludo.

Transmutación
—¡Miiiiiuuaa!¡Paf! —Estalló la cabeza de Pumsés IV; con sólo un crujido de huesos, el pequeño gatito blanco perdió su primera vida en la residencia de Cleopatra. Ella se alejó contoneándose, viboreando, digamos; ya se había aburrido de jugar con él; lo revoleó por el rabo y lo lanzó contra la pared.
Una anciana esclava negra levantó los restos sangrantes, y se escurrió hacia el patio del palacio, que daba al mar… En la playa, lejos de cualquier ojo curioso, los refregó contra su cuerpo; mientras lo hacía, meneaba sus caderones y barboteaba conjuros en su lengua ancestral.
De pronto, el cuerpecito yerto se sacudió en sus brazos; ella iba cambiando los sortilegios y los ritmos de la danza, y él crecía con cada sacudida. Entonces lo dejó en la arena y escupió sobre su pelo que se fue volviendo renegrido… sobre sus patas ahora flexibles y poderosas… y sobre su cabezota deforme en la que llameaban los ojos brillantes de odio. Un maullido bronco, casi un rugido, estremeció el aire tormentoso, lleno de presagios.
Dejó que ella lo palmeara y le dio un lengüetazo: después de todo era su madre; y con saltos elásticos trepó a una palmera. Pumsés IV empezaba su segunda vida; se llamaba Panther y era el gato negro de una vieja bruja.

216 palabras


¿Accidente?
Ahora, con más años por detrás que por delante, los misterios se desvelaron . .
Había enterrado entre novios y estudios las dudas de aquel verano, aunque afloraban a veces…
Durante las vacaciones en la estancia, todos jugábamos a que había un fantasma- vampiro, en la casa. Al anochecer, Roberto avisaba dónde había escuchado el arrastrar de sus cadenas. Y allá marchábamos armados de ajos y cruces. Llegábamos, aguantábamos unos cinco minutos; había un “clic” y estallaban los hierros y una carcajada espantosa. Un fantasma blanquísimo se agitaba amenazante. Alzábamos las cruces, chillábamos como poseídos, había otro “clic” y se prendían las luces de la habitación. ¡Qué de risas! ¡Qué alivio!
El truco era fácil de entender: el capataz preparaba las luces y el audio y las accionaba a su tiempo..
Una noche preciosa, lo vi a Roberto; abrazaba y besaba a Margarita; iban hacia el fondo oscuro del parque. Margarita era su prima, como yo; pero estaba de novia con Eduardo. «Es como en el cine» pensé. «¿Qué romántico!».
Mientras cenábamos me dije: “Bien por Margarita. Ese tipo ordinario la desmerece”
Por la mañana, Margarita amaneció pálida, como resfriada. Eduardo, ceñudo, anduvo en sus tareas, revisando las herramientas, los caballos y las conexiones y llaves de la casa.
Esa tarde anunció un nuevo empleo; renunció, montó y se fue. Al anochecer fuimos a buscar al fantasma.
Pero no llegó. Sólo hubo un espantoso chisperío en el que veíamos retorcerse a Roberto, pegado a la caja de la luz que estaba abierta, con los cables al aire. Accidente.
Ya vieja, los velos se fueron desgastando desde mis recuerdos; bien dicen que tenemos más memoria para el pasado que para lo inmediato.
«Eduardo anduvo en sus tareas, revisando… ¡las conexiones! ¡Renunció, montó y se fue!…»
¿Accidente? Ahora lo sé…
298 palabras

La loca
Era impracticable y lo sabía. Me exponía a mi propia proscripción, al asesinato de mi aureola de “chica de buena familia”.
Insomne, trataba de redondear planes para lograrlo. En buena parte, el éxito dependería del azar, y a éste lo regula la audacia; y a la audacia la empuja…, la locura, por ejemplo…
¡Locura! ¡Eso es! ¡Un acceso de locura! ¡Un rapto genial, brillante, en el que yo cayera súbitamente! ¡Ahora mismo, cuando todo parecía flotar en el nimbo prolijo y correcto de mi vida adolescente!
En la cena, comenzaron los deslices: volqué una copa de jugo de frutas… (Silencio súbito y tenso)…clavé con furia el tenedor en el pollo, y este voló, ¡oh, milagro!, al plato de mi padre, enfrente del mío…
— ¡Niña!— rugió, mientras se sacudía la ensalada de la cara.
En un instante, la criada cambió el mantel.
—Mmm. “Tengo una vaca lechera” —canté a viva voz y con la boca llena de migas.
Mamá me miró angustiada y trató de cobijarme. Me solté de sus brazos mientras mi padre tronaba:
—¡A tu habitación! ¡Te lavas y te metes en la cama!
Mi portazo reventó en el comedor; pero las normas eran firmes: ellos siguieron comiendo, con modales exquisitos. Y no iban a salir de la mesa por una chiquilina loca.
Yo salté al parque por la ventana, y corrí algunas cuadras en la oscuridad para espiar el rancherío. Las luces de los faroles de kerosén silueteaban a los bailarines de tango. Los acordeones y guitarras acompañaban el croar de las ranas; y el aire traía vibrantes palabras masculinas: “muñeca”, “beso”, “ingratitud”, “pasión”, “cuchiyo”…
Ajena a los abrojos, avancé como las polillas, rebosando adrenalina . Ya me envolvían los olores: la ropa percudida; el vino, y el humo del asado; el agua de rosas y el tabaco ordinario.
Sobrevolaba la cima de mi anhelo. Hasta sentí unas manos ásperas que me apretaban…¿para bailar “obscenidades” como decía mamá?…
Y de pronto…. Asfixia, oscuridad, llanto...
Mis pasos iban al revés; uno de los milongueros me llevaba de la mano, de regreso a casa.
345 palabras.

CUÍDALO, ABUELITA
Hecatombe estaba al cuidado de Doña Mari.
—Una semanita, abuela— había rogado Emilia. —Es re- buenito y educado.
En cuanto la nieta cerró la puerta, Doña Mari comprendió por qué se llamaba Hecatombe.
Sólo escribiéndolo con mayúsculas se podría expresar su furia ante las hazañas del gato. Tampoco sería posible grabar el aullido, si acertaba con el palo y le daba en las costillas.
—¡Hecatombe! ¿Qué hiciste ahora?
Nunca mejor puesto un nombre que en este caso. Hecatombe le infligía todos los calvarios imaginables: trepaba a la mesa cuando estaba cocinando; deshilachaba los almohadones y cortinas; le destejía las labores; ‘regaba’ de felicidad las plantas, cuando brotaban durante sus ‘celos’, y la arañaba al pasar.
Aquella madrugada, una catarata de loza, vidrio y aluminio despertó a la abuela. El estrépito en la cocina había infringido la Norma Uno de Respeto en la Casa: “¡Hora de dormir!. ¡Silencio!”
«¡Ay, qué hizo!», pensaba, mientras bajaba despacito acomodando su rodilla artrósica.
Casi se cayó cuando tropezó con Hecatombe a la puerta de su dormitorio; el sospechoso parecía dormir a pata suelta en el pasillo. Un intenso vaho de pescado en escabeche inundaba la cocina; latían extraños rumores en la oscuridad: crujidos, bufidos… Despierta a medias, y a medias enchancletada, Mari prendió la luz.

Una gata saltó sobre el aparador abierto y siguió relamiéndose los bigotes; otra, lamía el arroyo de escabeche que se volcaba desde la heladera abierta.
—¡Caraduras! —estalló. —¡Ni siquiera hacen ademán de escapar por…¡Por Dios! ¿La ventana abierta? ¿La heladera abierta? ¡Jamás pude haberme olvidado de cerrarlas!»
—Miauuu—cantaron a dúo . Mejor dicho en trío, porque Hecatombe apareció despabilado en la cocina y las lamió galante. Las muchachas debían de estar muy sabrosas.
Mientras los gatos, en alegre montón abandonaban el restaurante, doña Mari lamentó no tener celular para llamar a Emilia. Hizo acopio de filosofía, se sirvió un buen vaso de vino y se volvió al dormitorio.
Y mientras se dormía recordó el otro vaso de vino antes de irse a la cama… ¡Uuuyy!...¿Se habría olvidado de cerrar? ¿Hecatombe se habría vengado?

347 palabras


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Hola, Mamén: Muy buena, como analista de cine.
Acá, en Argentina, está la asociación "Abuelas de Plaza de Mayo", que trata de ubicar a los posibles nietos "desaparecidos" en "El Proceso"; dependen, sobre todo, de la voluntad de reencuentro de estos hombres y mujeres ya cuarentones, con sus familias de origen; pero ayudan Facebook y los estudios de ADN. Han tenido éxito con bastantes personas.
No sé: Han sido tantos los espantos, a pesar de que tantos otros se ocupan de "preservar la Memoria"... Me gusta más pensar en preservar la Esperanza. Un abrazo.

Reto Especial: FLORES PARA UN FUNERAL
(También para Radio Mandala)

REQUIEM

Sonó el timbre. La mirilla
mostró que estabas muy ‘fresco’;
yo debía estar, sin duda,
pidiendo a todos los santos
que te trajeran de vuelta.
Tu ramo de rosas rojas me esperaba en el zaguán,
con tu cara arrepentida asomando por detrás.
Tan seguro de tus flores y tu sonrisa de bueno
no advertiste tu equipaje dentro de una bolsa negra.
Ni siquiera dije “hola”, tomé el ramo y lo clavé
como una cruz en un túmulo. Me di vuelta y te dejé
con el portazo en la cara, temblando, sin comprender:
“Nuestro amor es el finado y el ramo viene muy bien”.
“Que en paz descanse” cantaba, algún coro celestial.
¡Qué bien lucen estas rosas en tan sobrio funeral!
15 versos




Reto Especial: Flores para un funeral (también para Radio Mandala)

Flores para un funeral
El último derroche: un velorio lujoso, brillante y florido; un tentempié de “delicatesses”, un leve e intenso adagio de música sacra…
Ella entró a la sala funeraria sin que la advirtieran los deudos, más o menos remotos, que se habían congregado: era tan mínima en medio de la opulencia, tan distante de la meteórica carrera del muerto… Sólo le quedaban de él, aquellos recuerdos buenos, cepillados de frustraciones y rencores: plantas, canciones inéditas, noches de amor bajo las estrellas …
Tampoco tuvo problemas para acercarse al muerto; la gente participaba en lejanos corrillos lejos del féretro; un iceberg de caoba en el mar helado e indiferente de la reunión.
Le acarició la cabeza exangüe y murmuró: «Soy yo. Gracias por el rosal». Y dejó sobre el cuerpo dos rosas blancas y frescas y un paquetito de semillas para que su cuerpo las nutriera.
Cuando iba saliendo escuchó un comentario: « En una hora lo llevan al crematorio ».
Se detuvo pensativa, un instante. Después regresó, recogió las semillas y se las echó al bolsillo.
174 palabras



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¡Gracias!¡Cuánta paz y alegría en tus crónicas! ¡Una hermosura!
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