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Caminando hacia la Vida
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1 Simplicidad de intención recta y pura.
2 Obediencia a los superiores o a la regla.
3 La Cruz.
“Solo el corazón humilde puede entrar en el Sagrado Corazón de Jesús, conversar con Él, amarle y ser amado de Él”. Santa Margarita María de Alacoque.

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¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos pague enseguida el poco bien que hemos efectuado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Somos, muchas veces, incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza.

https://caminandohacialavida1.blogspot.mx/2016/06/maestra-de-esperanza.html

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1.- Solo sigue tratando de convertirte en un santo.

"El buen Dios no exige más de ti que buena voluntad… pronto, movido por tus inútiles esfuerzos, Él descenderá, tomándote en sus brazos, Él te llevará hacia arriba." Santa Teresa de Lisieux

La clave para crecer en santidad es que sigamos intentando, incluso si nunca vemos avances en nosotros mismos. Si nos levantamos cada vez que caemos y comenzamos de nuevo, Dios estará contento. Si viéramos nuestro progreso, podríamos pensar que es por nuestros propios esfuerzos que crecemos en virtud. La incapacidad de ver nuestro crecimiento nos mantiene dependiendo de Dios.

2.- ¿No sabes cómo amar a la gente? Comienza por pequeños actos de amor.

"Tengo que buscar… la compañía de hermanas que sean las menos agradables para mí… quiero ser amable con todo el mundo para dar alegría a Jesús." Santa Teresa de Lisieux
Pocos de nosotros sabemos cómo amar verdaderamente a las personas. Si no sabemos cómo, podemos empezar por hacer pequeñas cosas: sonreír a un extraño, ofrecerte a lavar los platos, abstenerte de protestar. Podemos comenzar con pequeños actos de amor, en especial con aquellos con quienes no nos llevamos muy bien, para que nos enseñen «cómo». Aprendemos a amar amando.

3.- Orar no tiene que ser complicado.

"Para mí, la oración es un impulso del corazón; se trata de una sencilla mirada lanzada al cielo, es un grito de reconocimiento y amor, tanto en la prueba como en la alegría." Santa Teresa de Lisieux

Dios es simple. Él es feliz tan sólo con que nos presentemos y pasemos un tiempo con Él, no tenemos que hacer x, y, z, para que esta sea una buena oración. Si te es difícil o te distraes, intenta mantener la concentración y confía en que aun así es buena, aún, si no consigues calidez y alegría no recibas los wram-fuzzies.

4.- Céntrate en amar a Dios, no solo en tus fallas.

"Tenemos que amarlo simplemente, sin mirarnos a nosotros mismos, sin examinar demasiado nuestras fallas" Santa Teresa de Lisieux

Dios no es un juez que está esperando a que nos equivoquemos, Él nos mira con amor, como sus hijos. Los niños intentan complacer a sus padres, pero algunas veces se equivocan y hacen desastres. Si estamos tratando de ser santos, Dios no nos rechazará por nuestras equivocaciones. Si nos enfocamos en el amor y la bondad de Dios, va a ser más difícil para nosotros desanimarnos.

Santa Teresa me enseñó, que convertirse en un santo no es fácil, pero si es simple. No tenemos que desalentarnos por nada, la debilidad, el fracaso, el pecado, o el sufrimiento. Podemos confiar en que Dios nos hará santos, si tomamos un pequeño paso hacia adelante todos los días.


Autora: Therese Aaker

https://caminandohacialavida1.blogspot.mx/2016/06/4-consejos-para-crecer-en-santidad.html

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A nuestro interior muchas veces le arrebatamos la paz, por diversas causas, unas externas y otras porque tenemos luchas internas, como dice San Pablo “hacemos lo que no queremos”
La paz ante todo la adquirimos del trato con el Señor Jesús, en los Sacramentos, sobre todo en la Eucaristía y en la confesión.
Diversos santos nos han dejado escritos sobre la paz y San Josemaría Escrivá nos regaló 12 consejos para adquirir la paz, sobre todo interior.
Rescato a manera de rápido, la confianza plena en Dios y su voluntad así como el trato con la Santísima Virgen María.

12 consejos para conseguir la paz


1 Santa María es —así la invoca la Iglesia— la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: «Regina pacis, ora pro nobis!» —Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... —Te sorprenderás de su inmediata eficacia. Surco, 874

2 Fomenta, en tu alma y en tu corazón —en tu inteligencia y en tu querer—, el espíritu de confianza y de abandono en la amorosa Voluntad del Padre celestial... —De ahí nace la paz interior que ansías. Surco, 850

3 Un remedio contra esas inquietudes tuyas: tener paciencia, rectitud de intención, y mirar las cosas con perspectiva sobrenatural. Surco, 853

4 Aleja enseguida de ti — ¡si Dios está contigo!— el temor y la perturbación de espíritu...: evita de raíz esas reacciones, pues sólo sirven para multiplicar las tentaciones y acrecentar el peligro. Surco, 854

5 Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: “el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; Él es quien nos ha de salvar”.
—Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la Providencia, que nos gobierna para nuestro bien. Surco, 855

6 Si —por tener fija la mirada en Dios— sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres. Surco, 856

7 Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas —a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos— no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan. Surco, 860

8 Cuando se está a oscuras, cegada e inquieta el alma, hemos de acudir, como Bartimeo, a la Luz. Repite, grita, insiste con más fuerza, «Domine, ut videam!» — ¡Señor, que vea!... Y se hará el día para tus ojos, y podrás gozar con la luminaria que El te concederá. Surco, 862

9 Lucha contra las asperezas de tu carácter, contra tus egoísmos, contra tu comodidad, contra tus antipatías... Además de que hemos de ser corredentores, el premio que recibirás —piénsalo bien— guardará relación directísima con la siembra que hayas hecho. Surco, 863

10 Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser anti nada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.
—Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad. Surco, 864

11 Por caridad cristiana y por elegancia humana, debes esforzarte en no crear un abismo con nadie..., en dejar siempre una salida al prójimo, para que no se aleje aún más de la Verdad. Surco, 865

12 Paradoja: desde que me decidí a seguir el consejo del Salmo: “arroja sobre el Señor tus preocupaciones, y El te sostendrá”, cada día tengo menos preocupaciones en la cabeza... Y a la vez, con el trabajo oportuno, se resuelve todo, ¡con más claridad! Surco, 873

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