Hola, republico mi relato Jamas conocerás el amor e incluyo el tema de la licencia, puesto que al compartirlo desde mi stream y editar en el original, no se refleja el cambio. Espero que os guste a los que no lo hayáis leído aún ^_^ 

---------------------------------------------------------------------------------------------------------
Jamás conocerás el amor

Era diciembre, cuando sonó aquella maldita llamada. Una llamada que me cambiaría la vida para siempre. Al otro lado se oía una voz quebrada, llena de dolor y rencor, una voz de mujer que me dijo algo así como: jamás conocerás el amor.

Han pasado más de 60 años de aquella llamada y nunca pensé que unas palabras así tuvieran tanta fuerza y valor como el que me han demostrado. Mi nombre es Matías y quisiera contaros mi triste vida. 
Era 2009 cuando aquella persona llamo a mi móvil, nunca supe quien fue, ni como me localizo y ni tan siquiera si aquello era para mí, pero el hecho es que esas 4 palabras marcarían el resto de mi vida. 
Nunca fui muy guapo, tampoco fui feo, vamos era del montón, un chico amable, sincero y buen tío en general, pero eso parecía no importar a las mujeres que he ido conociendo durante todos estos años, siempre pasaba algo.

Capítulo 1

Marta fue sin lugar a dudas, la chica más guapa que jamás he conocido, era una chica con unas curvas de vértigo, unos ojos verdes que encandilaban a todo aquel que se quedara un segundo mirando esos ojos y un pelo largo y negro que era bellísimo. A Marta la conocí en un restaurante, estaba tomando una cerveza en la barra esperando a unas amigas y me puse a su lado y pedí al camarero que me sirviera una como la que ella estaba tomando, ella se giró y me dijo, esta cerveza es de mis preferidas. Nos miramos a los ojos un par de segundos, no fueron más, pero para mí fue toda una vida. Era curioso, porque aquellos ojos me decían todo lo que yo necesitaba ver de una persona. Ese día, no hablamos mucho más, pero fue algo fuera de lo normal. 

Semanas más tarde, paseando por la calle, la vi de nuevo, esta vez en peor situación, estaba fuera de sí, había estrellado su coche contra un semáforo y estaba muy nerviosa porque no sabía qué hacer. Además, su cabeza sangraba un poco. Le dije que todo iría bien, que le ayudaría con todo y que no se preocupara. Llamamos a una ambulancia y la trasladaron al hospital, mientras, yo me quede esperando la grúa para llevar el coche al taller y hacer las gestiones necesarias.
Esa misma mañana, sobre el mediodía, me acerco al hospital y conseguí verla, ahora ya más calmada, estaba en una camilla con la cabeza vendada, pero todo estaba bien. Me dio las gracias y siempre lo recordare... en una habitación de hospital, con su cabeza vendada nos dimos nuestro primer beso. Fue precioso, porque después nos echamos a reír los dos y dijimos a la vez: "perdona, pero me moría de ganas". Por la tarde, lleve a Marta hasta la puerta de su casa, no me invito a entrar, así que dije, bueno, es raro, pero como quien dice, nos acabamos de conocer. Al día siguiente llamo a Marta a ver qué tal está, me dice que genial y que ya tiene el alta y mañana vuelve al trabajo, yo me alegre un montón y así como el que no quiere la cosa le pregunte, y cuando quedamos para celebrarlo? a lo que me contesto, pues este fin de semana no, pero al que viene, quedamos para cenar que te lo has ganado, prácticamente sin conocerme y todo lo que has hecho por mí. Cada día iba llamándola para ver que tal estaba y aunque eran no más de 5 minutos lo que hablábamos, era maravillosa aquella sensación. 

Cuando llego el jueves de la semana que íbamos a quedar, le llame y no contesto, era raro, pero tampoco le di la mayor importancia. Cuando llego la hora de cenar, la volví a llamar y el teléfono móvil estaba apagado. Me extrañe mucho, pero pensé que estaría liada en el trabajo y por esa noche ya no la volví a llamar. 
El viernes, la llame de nuevo y el móvil apagado. Me extraño muchísimo y ni corto ni perezoso, me acerque a su casa. Antes de llamar a la puerta, oía mucha gente dentro de casa, me extraño mucho y llame al timbre. Salió un chico, más o menos de mi edad, le dije que buscaba a Marta, al pobre hombre se le desencajo la cara y segundos después me dio un abrazo, en ese momento supe que algo malo había ocurrido, Marta había tenido un derrame cerebral a causa del accidente de coche y ya no estaba con nosotros. En ese momento fue la primera vez que como si a fuego me lo hubieran marcado, sentí en mi mente "jamás conocerás el amor". Sentí como mi corazón me lo habían arrancado en ese momento, sentí tanta rabia dentro de mí que me fui corriendo, llorando y tan dolorido que cogí mi coche, puse las llaves en el contacto, acelere y salí sin mirar, cruce toda la ciudad buscando el semáforo en el que Marta había estrellado su coche y allá que me fui, lo siguiente que recuerdo es despertarme en el hospital tras una operación por hemorragia interna, me pase en el hospital ingresado 2 semanas, 2 semanas de infierno donde no podía dejar de recordar a aquella chica y aquel beso que nos dimos en esa habitación, habitación en la que ahora me recuperaba yo de mi operación ... dos semanas más tarde del accidente, me dieron el alta y regrese a mi vida, vida en la que para mí, había cambiado radicalmente, esas cuatro palabras jamás conocerás el amor me habían marcado ya para el resto de mis días.

Capitulo 2

Rosa fue una de mis grandísimas decepciones. Ella era una persona que bien podría pasar por un ángel. Era un cielo de persona, pero ese cielo estaba cubierto de unas grandes nubes y una gran tormenta.

La historia de Rosa fue de estas que valen la pena olvidar, de estas que dices, pero porque me merezco yo estas cosas. La conocí un miércoles, siempre me acordare. Estaba en la cola de un supermercado y al poner un jarrón en la cinta de la caja, se le resbalo y se le cayó. Yo estaba pagando y al ver que el jarrón caía inevitablemente al suelo, me abalance sobre él y conseguí que no llegara al suelo manteniéndolo intacto. La verdad es que nunca supe como lo hice ni porque reaccioné de aquella manera. Al principio creí que aquella reacción era una bendición, mas tarde vi que más bien fue una maldición. 
Cuando me levante del suelo con el jarrón en mis manos, Rosa se abalanzo a mi y me dio un fuerte abrazo, incluso llego a darme un beso en la mejilla. Yo aun, como un pardillo y sin reaccionar, le dije que no pasaba nada, tenía su jarrón intacto y que la próxima vez fuera con mucho cuidado. Me sonroje como suelo hacer habitualmente en estas situaciones y empecé a sudar por mi frente. Aquello debió de hacerle mucha gracia porque saco un clinex de su bolso y me dijo: "toma, sécate y espérame que pague y nos tomamos un refresco que te lo has ganado". Rosa termino de pagar y nos fuimos a un restaurante de comida rápida sin demasiado glamour, pero mira, allí estábamos, dos desconocidos hablando y riendo sin parar de cosas tan mundanas como lo bien vestida que iba la directora de cajeras y como el de seguridad le estaba tirando los trastos a una de las chicas de las cajas. Pasamos como 3 horas sin darnos cuenta y ya era hora de marcharnos. Nos dimos los teléfonos y ahí empezó lo que podría haber sido una gran historia de amor.
Lo cierto es que Rosa me gustaba muchísimo, físicamente no era el ideal para mí, pero el resto lo cumplía todo. Una chica amable, simpática, inteligente y un poquito geek. Podías tener cualquier conversación con ella, que ella siempre sabia de lo que le estabas hablando y algunas veces incluso decía: "Espera que me documento, lo busco en internet, leo y lo hablamos". Me parecía una actitud muy positiva, siempre dispuesta a aprender nuevas cosas. 
Había pasado un tiempo desde que nos conocimos y empezamos a tontear, hasta que vimos que podíamos subir otro escalón. Y así fue, pasamos a oficialmente ser novios en muy poquito tiempo. 
Con Rosa pase uno de mis 14 de febrero más dañinos y malos que recuerdo. Ese día literalmente quería morirme y dejar este mundo. Había preparado un día romántico, salida al campo, comer de picnic los dos juntos, pasear por el lago y terminar la noche en una cabañita de madera con una cena romántica llena de velitas y terminar en una noche de pasión. Pero ahí iluso de mi, Rosa insistía en no celebrar San Valentín, ella no creía en eso y no quería celebrarlo. Ese mismo día, me llamo por la mañana diciéndome que no podía verme y que le perdonara, pero no podía seguir hablando. Justamente me llamo cuando salía de la floristería con un ramo de 12 rosas que era precioso. Desde ese mismo momento supe que era un mal día. Al ratito la llame de nuevo para ver si podía convencerla, puesto que la cabaña y la cena ya estaban reservadas. Ella me colgó, ni tan siquiera me dio opción a hablar con ella. Intente llamarla un par de veces, pero con el mismo resultado. Le envié un SMS en el que le comentaba que qué había pasado, al rato me manda un mensaje tal que así: "eres tonto? no te he dicho que no me llames y me dejes en paz hoy?" ante esas palabras yo me vine abajo completamente. Era aquello amor? y en ese momento, se me disparo el interruptor que me hizo recordar una cosa, aquella llamada de hace unos años y que decía algo así "jamás conocerás el amor". En ese momento me quede blanco, ya era la segunda vez que me pasaba, la segunda vez que ciertamente se daba la situación de no poder conocer el amor plenamente. 
Pasados unos días de aquel fatídico 14 de febrero y sin haber recibido explicación alguna de porque Rosa no podía quedar ese día, la llame para plantearle seriamente la situación y que me comentara lo que tenia que decir al respecto. Pero Rosa, no dijo poco mas que un lo siento poco convincente. Fue ahí donde le pregunte, Rosa que me escondes? a lo que Rosa me contesto que nada. 
Pasada esa pequeña crisis, dejamos por un tiempo de salir, pero yo no podía vivir sin ella. Un día la llame y hablamos tranquilamente, la invite a tomar una cerveza y hablamos de todo el tiempo que no nos habíamos visto. Parecía feliz, pero tampoco quería sacar conclusiones rápidas. Después de aquella cerveza volvimos a quedar y empezamos de nuevo a tontear, pero esta vez ella me ponía unas reglas muy estrictas, no llamarle al móvil, no ir a su casa y algunas por el estilo. La verdad es que no me importaba demasiado y tampoco veía lo extraño del asunto, estaba enamorado hasta las trancas y me daba igual todo, yo tan solo quería estar a su lado, cuanto más tiempo, mejor. 
Transcurridos algunas semanas de nuestra vuelta, se me ocurrió mandarle un SMS de buenas noches y ahí descubrí lo cruel que pueden llegar a ser las personas. El SMS no lo leyó Rosa, sino su marido. Si, Rosa estaba casada y tenia una niña, jamás me lo había comentado y me había jurado y perjurado que ella no estaba con nadie. Al rato de enviar el SMS me llama desde su teléfono y escucho una voz de hombre preguntando que quien era yo y porque mandaba un SMS a su mujer. El mundo empezó a caérseme encima, empecé a ver un agujero negro llevándose toda mi vida e imaginándome a ella arrancándome el corazón y dándole un mordisco mientras decía, ... tu ya no lo necesitas. En la vida había tenido un sentimiento tan intenso dentro de mí. Quería morir, quería dejar de vivir en ese momento, no pensaba jamás en la vida que podría haber persona tan vil en este mundo, pero parece que la maldad del ser humano no conoce límites. 
Lo que mas recuerdo son aquellas ultimas duras y crueles palabras que Rosa me dijo por teléfono aquella noche: "ahora ya lo sabes, no me llames jamás, no quiero saber nada mas de ti" y colgó. En la vida me había sentido con un sentimiento tan impotente y unas ganas de decir, paren este mundo, yo me bajo aquí, no quiero vivir en un mundo donde personas como están existan. 
Después de aquello, intente suicidarme 2 veces, pero ninguna de ellas fue efectiva. A día de hoy, casi 50 años mas tarde aun recuerdo aquellos momentos tan escalofriantes. En mi mente no dejaba de sonar una frase, una idea, un sentimiento que años antes me había profetizado una extraña llamada: jamás conocerás el amor


Capítulo 3

Hoy os contaré la historia de Irene. Esta historia, a diferencia de las otras, quizá, es la que más feliz me hizo durante muchísimo tiempo y la que realmente me provoca dudas sobre aquella misteriosa llamada que os comente. 
Irene fue sin lugar a dudas la chica que mas me amó en mi vida. Era una chica espectacular, muy inteligente, rubia, con ojos claros, cariñosa, detallista y un poco a mi manera. El día que la conocí fue un día realmente surrealista. Me levante pensando firmemente, aún me pregunto por qué, que iba a conocer a una gran persona. Recuerdo que mientras me duchaba, vi el cabello de la chica de la imagen del bote de gel de ducha y pensé, cabello largo, sedoso, rubio... esa es mi chica. Fue un poco raro, pero así fue. 
El día había empezado de forma un poco rara, el café que me hice a primera hora de la mañana era fabuloso. Habéis visto alguna vez un café con mucha crema y un olor, como deciros, a café recién molido muy apetitoso? pues así era. No se por qué, aquel día, quizá porque me había levantado temprano y no tenia prisa, me puse a contemplar como caía gota a gota el café de la cafetera a la taza. La belleza de aquel espectáculo, tanto visual, como olfativo, me hizo que los 40 segundos escasos que la cafetera tarda en hacer el café, se me convirtieran en horas contemplando aquel espectáculo de la química. El agua acariciando aquellos trocitos de café, combinándose con las moléculas de la cafeína, para dar sabor al mas grandioso café que recuerdo haber tomado. 
Salí por la mañana dispuesto a disfrutar del día, un día en el que en el trabajo, tenia algunas cosas que hacer, pero era un día de esos que dices, me apetece ir a trabajar porque va a ser un día tranquilo. 
Del éxtasis del día, a la hora de comer, me dije a mi mismo que hoy era el día de darse un capricho, así que, así fue. Cogí el coche y me acerque a un restaurante de asados argentinos que esta cerca de la oficina y aun no había ido. Así que decidí, que a pesar del colesterol de la comida, valía la pena disfrutar de un asado argentino en condiciones. 
El restaurante estaba medio vacío, no había mucha gente aún. Al entrar, se acercó uno de los camareros y me dijo: mesa para dos? no jefe, vengo sólo, así que mesa para uno. El camarero, me señaló donde debía sentarme y allí que fui. 
Pedí lo mejor de la casa, hoy era día para ello, y mientras estaba comiendo casi se me caía una lagrimilla de lo buenísimo que estaba todo. A la hora del café, pedí el café más selecto que tenían en el restaurante. Casualmente, una chica que había en otra mesa, me oyó y le pregunto al camarero si podía servirle otro café a ella del mismo que yo había pedido. En ese momento, me quede mirándola y atónito contemple aquella belleza, era Irene, la chica más guapa y que más ternura describía en su expresión que en la vida había visto. Una chica que contagiaba ternura por todas partes, una chica que tenía una expresividad en sus ojos que me había enamorado de ellos, realmente me había enamorado de ella nada más verla. 
Irene estaba con unas compañeras de trabajo comiendo, la miré, me miró y ahí se quedo todo. El camarero, minutos después, trajo los cafés a los dos a la vez. En ese instante supe que era el momento de acercarme y conocerla. Y así fue, me acerqué a su mesa con mi silla y sin pedir permiso, me senté en la esquina de la mesa que estaba junto a ella. Ella se quedó mirando con una carita diciendo, no te hemos dado permiso para sentarte, a lo que yo respondí, mientras le guiñaba un ojo, no hace falta pedir permiso para sentarme, sé que me vas a dar permiso para sentarme. Ella empezó a reírse y allí empezó una pequeña gran complicidad. 
Irene fue, sin lugar a dudas, la persona que mas me ha querido en este mundo y desde luego, es a la persona que mas quiero en este mundo. 
Mi historia con Irene ha sido de película, al poquito de conocernos, la invité a cenar al mismo restaurante donde nos habíamos conocido. Habíamos cenado ya y estábamos tomando nuestro café preferido, ella estaba encantadísima, sus ojos decían mucho más que una mirada, sus ojos me hablaban de cariño, amor y ternura. Ante aquellos encantos de mujer, no pude resistirme y le dije, Irene, eres la mujer de mi vida, nos conocemos poco, pero lo poco que te conozco estoy muy seguro de que es lo que quiero de una mujer, querrías hacerme el honor de ser la mujer a la que más he amado y amaré en este mundo el resto de mi vida? ella muy nerviosa empezó a llorar, y dijo: jamás ningún otro hombre ha sido tan cariñoso como tu, jamás ningún otro hombre me ha pedido permiso para amarme, jamás ningún otro hombre tan bueno como tu ha conquistado mi corazón. 
En mitad de aquellos sollozos, se abalanzo sobre mí y nos dimos el abrazo de nuestras vidas. Algo tan intenso, tan bonito y tan romántico que lo que nos hizo sentir cambió el resto de nuestras vidas. 10 años después de aquello aun nos reímos mucho, porque el abrazo fue muy intenso, pero el beso que lo acompaño fue desastroso, de la emoción, sin querer, estiramos el mantel de la mesa y se me cayo el café encima, justamente en donde no debería de haberse caído ... ya me entendéis y pegué un salto en medio del beso que le quito todo el romanticismo del mundo.
Al poquito de aquello, Irene y yo nos casamos, fue una vida idílica, algo de película. Ella siempre feliz como una perdiz, hacia que me sintiera el hombre mas afortunado de este mundo. Recuerdo que una vez, al celebrar nuestro decimo aniversario, decidió regalarnos un viaje a la fábrica de café de aquella marca que había reunido nuestras almas hacia 10 años, fue algo chorra, pero el gesto, el detalle la hizo aun más perfecta. Siempre recordare, aquel viaje, como el mejor viaje y más romántico de mi vida. Irene siempre me agradecía, aunque en forma de broma se metía conmigo, aquella muestra de chulería que mostré al acercarme a ella la primera vez, fue la que realmente le había enamorado.
Irene durante 20 años ha sido el amor de mi vida, ella ha sido la persona con la que he compartido mis grandes momentos de la vida y desde luego con ella he vivido lo que es conocer el amor verdadero. 
Por caprichos de la vida, Irene no anda ya entre nosotros, pero me hace feliz recordarla, porque me hizo vivir y saber vivir lo que es el amor. En sus últimos días, me confesó, pedí aquel café, porque de alguna manera, quería conocerte, si no te hubieras acercado tú, me hubiera acercado yo. Cuando escuche aquellas palabras, me emocione tanto que me puse a llorar, mientras le di un grandísimo abrazo. 
A veces, el destino nos tiene guardadas grandes sorpresas y sea como sea, el destino siempre conspira para que pase lo que su caprichosa voluntad nos depara.

Licencia: CC BY-NC-ND 3.0
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/
Shared publiclyView activity