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Mariana Mtz Gmz
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The fault in our stars – John Green
Leí este libro porque muchos de los fans en una página que administro me lo recomendaron y vi que el nivel de vocabulario/gramática en inglés es medio, perfecto para practicar el idioma sin que sea tedioso.  Por ahora, me pongo a pensar en los que lo recomiendan tienen entre 12 y 17 años promedio, así que para esa edad es una lectura apropiada. Te invita a pensar en cuestiones filosóficas sobre la vida y una de las tres preguntas a las que muchos ni se quieren arriesgar a contestar: ¿a dónde vas?, las otras dos son ¿de dónde vienes? Y ¿Quién eres?
En parte, no me ha gustado cómo se tratan algunas teorías, por ejemplo que destrocen la pirámide de Maslow. Me molestó porque John Green la plantea como un estado “absoluto” para individuos, cuando la realidad es que debe ser aplicada para entender las sociedades, no a un individuo. No porque el promedio de libros del país sea 0.5, quiere decir que todos leímos medio libro, no porque no todos entren en la pirámide no sea verdad o en este caso, no sirva para estudiar cómo se mueve nuestro entorno y a dónde va nuestra comunidad.  Ya sé que lo dice una niña de dieciséis años –a través de un señor- pero hablando con los jóvenes lectores, esta es su primer encuentro con la pirámide y obviamente la odian sin ponerse a pensar en más allá del libro. ¿Descuido por el autor o negligencia del lector? Que se juzgue en el futuro, de momento hablo de lo que me comentan mis pupilos.
Por otro lado, las referencias ficticias y reales las sentí forzadas, como la mayoría de los escritores contemporáneos, no sé si esta va a ser una de las características de esta camada pero por lo menos a mí no me gusta, peor aún, parece que nadie lo nota o no se animan a criticar.
Sobre la historia, no estoy segura de aceptar o no la idea de que nadie sabe tratar a un enfermo más que el enfermo mismo. Los padres, amigos, la gente que te rodea cuando estás bien o mal, todos ellos podrían juzgarse como de un nivel intelectual inferior o que no tienen la capacidad de ver más allá de la lástima. Pareciera entonces que tener una condición de enfermedad te hace más listo. No niego que algo así te ayuda a madurar –más de la cuenta muchas veces- pero hay una línea muy delgada entre ser pedante y ser maduro… y los protagonistas son pedantes.
Lo bueno, es que por primera vez un libro juvenil no me dejó sabor de boca horrible. La narrativa es coherente, buena, ágil (a partir de un tercio del libro) y para variar, la historia tiene un final decente, algo muy importante porque los libros contemporáneos no tienen idea de cómo terminar un relato. No puedo decir que me haya sorprendido, tiene muchos elementos de libros de autoayuda agresivos (no los que te endulzan la vida sino te dicen que tomes al toro por los cuernos), por lo que no me sorprendió como a muchos, tampoco me tocó pues hace mucho dejé de sentir esa falsa motivación impulsada por lucrar con el sentimentalismo de la gente… Soy un libro de niños con cáncer que no quieren lástima ni sentimentalismos, así que inspírate en mí y llora porque no soy una pipa, digo, un libro sobre cáncer.
A pesar de todo, es aceptable y bien valorado que alguien capte la atención de un público tan joven y los exponga a pensar sobre la vida o qué quieren de ella. Para lectores intermedios/avanzados, creo que ni nos va ni viene.
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Sputnik, mi amor – Haruki Murakami
Resultó, a fin de cuentas que leí primero Sputnik, mi amor.
Anteriormente había leído ya a este autor pues uno de mis libros favoritos (Kafka en la orilla) fue suficiente para buscar más de él, así que en mi lista están: Tokio Blues y las 3 partes de 1Q84. Este tal vez sea el motivo por el que la novela no me ha parecido al cien innovadora o dejado huellas más profundas en mí.
Kafka en la orilla, es un lingote entero de oro en mi bóveda de libros. Es hermoso en cada sentido pero lo veo con ojos de amor pues llegó a mi vida en un momento clave, esos instantes de no retorno que me llevarían más tarde a formar gran parte de quien soy ahora. Comparados ambos libros, este es un sencillo collar de oro.
Claro que después de la genialidad de mi libro amado, ningún otro volvió a ser igual pero se agradece la historia. Este libro  en particular habla de un triángulo amoroso: El narrador, K, está enamorado de su amiga Sumire y ella a su vez está enamorada de su jefa Mýu, pero ella no tiene sentimientos por nada–literal.
Es relativamente corto, por lo menos son doscientas páginas y la historia no es muy larga en cuestiones de tiempo. Si hablamos del espacio, entonces tendríamos que hablar del universo completo de Murakami porque le encanta experimentar con la idea de un mundo paralelo, sus entradas, salidas, diferencias y posibles doppelgangers. Si alguien me pregunta si esto es ficción, diría que sí y que no, porque es lo más parecido que he encontrado al realismo mágico –pero fuera de Latinoamérica- y que me ha gustado.
El libro está cargado de referencias –por cierto muy típicas del autor- sobre música y libros. Los personajes siempre tienen conversaciones profundas sobre estos temas y con el paso de las páginas el lector  se va sintiendo más cómodo leyendo sobre música que jamás ha escuchado. Las reflexiones en general son sobre el alma, la nostalgia y la soledad, temas también recurrentes en el autor y ahora que lo analizo, yo misma busco estos temas para intentar ampliar mi visión sobre la vida, lo que me pasa y lo que ha pasado.
Entonces, a pesar de no haberme marcado tanto, el propósito primario se cumplió pues he reflexionado tanto en los últimos días que me he vuelto un manojo de nervios y estallo al llanto en cuanto tengo oportunidad. Como diría “El Cochiloco” en la película “El infierno” de Luis Estrada, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.  La soledad que una persona eligió no puede ser comparada con la soledad que causa la ausencia de alguien ni con la que se presenta de la pérdida de uno mismo. Son diferentes, no se les puede combinar a pesar de tener la misma raíz y lleva de una u otra forma a la pregunta “¿quién soy?” porque definitivamente no eres tú hace veinte, diez o cinco años. Eres tal vez, el eco de lo que eras o puedes ser alguien renovado pero si perdiste tu esencia, entonces deberías estar buscando desesperadamente la respuesta a tus propias interrogantes y buscándole sentido a toparte con tanta gente aquí y ahora.
Otro aspecto importante del libro es tu representación en este cuerpo físico. ¿Qué quieren oír de ti? ¿Qué les vas a decir? ¿Qué les querías decir? A veces, el “yo de verdad” se puede perder con lo que le dices a las otras personas porque te ignoras a ti mismo y si te sientes solo, acabarás perdiéndote en lugares que no podríamos ni imaginar y la pregunta más importante: ¿Quién eres de verdad?
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+Cinemex  En Torreón si se va a estrenar Brave (aka Valiente) este viernes... ¿verdad? Si no, realmente me deprimiría.
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Editorial del profe Amparán QEPD +Miren Esparza +Irvin Gonzalez 
Hace 6 años estabamos igual...


Los días, los hombres, las ideas

Domingo 2 de julio de 2006

Votar por el futuro, botar el futuro
Francisco José Amparán
Debido a lo contenciosas (e interminables) que han parecido las campañas, y a lo ineptos e irresponsables que han sido nuestros políticos, llegamos a este domingo más agotados que la defensa de Ghana y con la remota sensación de haber tirado penaltis para Suiza. En realidad, resulta difícil culpar a la gente común y corriente si ve este día con una mezcla de hartazgo y alivio: ¡al fin llegó el mentado dos de julio! ¡Felizmente nos van a dejar en paz!
Por lo mismo habría que enmarcar lo que ha de ocurrir este día de manera objetiva y realista. Los mexicanos somos muy dados a la exageración y el fatalismo, sobre todo cuando no tenemos todos los elementos de juicio en la mano.
Primero que nada hay que recalcar que la participación ciudadana es de primordial importancia. No sólo porque si vota un alto porcentaje del padrón todos los procesos posteriores serán más tersos y menos viciados. Sino porque sólo así demostraremos que la ciudadanía es más madura que la clase política; que a pesar de la manera en que se ha maltratado nuestra paciencia e inteligencia, sabemos que la participación democrática es la herramienta primordial y confiable para tener una vida pública ordenada y decente. Que sí estamos maduros para esas cosas, y podemos participar como cualquier otra sociedad civilizada en un proceso fundamental, que nos costó mucho trabajo construir y asegurar. Simplemente para demostrar que no somos los menores de edad mentales que los candidatos creen que somos… como lo demuestra su deleznable propaganda. Un ciudadano que no participa en el mecanismo básico de la democracia, no tiene derecho a proclamarse como tal… ni a andarse quejando luego. Que quede claro: a Lavolpe no lo escogimos entre todos; a quienes nos han de gobernar, sí. Por ello debe haber una gran diferencia en la manera de aullar a la hora de la decepción.
En segundo lugar, si no somos niños chiquitos, hemos de considerar nuestra elección no en base a fobias y filias, ni al simple encanto o antipatía de los candidatos. Ya sé que así opera mucha gente, y en todos los ámbitos de la vida (¡hasta para escoger cónyuge!), pero en este caso podemos detenernos a considerar que nuestra decisión también involucra a los demás, a quienes nos rodean. En ese sentido, hay que demostrar más conciencia que los políticos profesionales, y preguntarnos qué deseamos para nuestra familia y para el futuro de nuestra comunidad, mediata e inmediata. Qué programas o propuestas (si es que se enteró de alguna) beneficiarán a la larga a la nación, no sólo a mí o a quienes se hallan en mi entorno inmediato. Qué deseo para el futuro del país, el cuál no se acaba en un sexenio ni en el término de la vida nuestra. México es más que eso, y deberíamos tenerlo en cuenta.
En tercer lugar, la alharaca que armaron los políticos durante tanto tiempo le ha dado visos apocalípticos a esta fecha, como si fuera a ocurrir un cataclismo en caso de ganar tal o cuál (más bien tal). Eso lo único que ha hecho es crispar el ambiente y pegarle sustos innecesarios a la gente: el presidente que salga electo esta noche (porque muy probablemente sabremos quién ganó por ahí de las once… si las cifras del PREP muestran una tendencia clara, ojo) tendrá muchas limitaciones y contrapesos… como le ocurrió a Fox (aunque sin el equivalente de Martita, eso sí). Difícilmente podrá hacer lo que le dé la gana, y habrá de construir puentes hacia todos los sectores de la sociedad, la economía y hasta la fauna. No le quedará de otra. Si no, será todavía más ineficiente que el actual mandatario. Sí, ello es posible.
Para que las cosas funcionen, será indispensable que se termine la parálisis en el Poder Legislativo, que tiene nueve años lastrando al país y permitiendo que el resto del mundo nos pase por encima. Por ello también será fundamental que usted medite a quién quiere mandar al Congreso. Como siempre, las campañas han estado centradas en los candidatos a la presidencia, pero la composición del Congreso será más determinante, en realidad, para su bienestar y el de su familia, en el futuro cercano. ¿La razón? Que es el Legislativo el que tiene la responsabilidad y capacidad de hacer lo necesario para crear empleos, dar seguridad, posibilitar el crecimiento de la economía. No el presidente de la república, por más que a los candidatos a ese puesto les ha encantado presentarse como auténticos supermanes, rayitos de la esperanza y milusos eficaces.
Y es que es el Congreso el que debe ponerse las pilas, dejar atrás las rencillas y pendencias que tanto han menudeado, y una vez solventado todo este enojoso proceso, entregarse a trabajar para hacer las reformas estructurales que, por haberlas postergado tanto tiempo, tienen al país donde lo tienen. Seamos claros: nuestra clase política, de todos los partidos e ideologías (si se puede hablar de tal cosa en este país de trapecistas) ha condenado al atraso a México, al no cambiar lo que se tenía que cambiar, básicamente para hacer ver mal a los demás, a “los otros”. Ya sabemos a dónde nos ha llevado eso: el mundo nos está rebasando por izquierda y derecha, y somos el hazmerreír de medio planeta: un país que se niega a crecer, que desaprovecha de manera lamentable la cercanía con el mercado más poderoso, que se deja robar inversiones por un país situado en las antípodas, y que mantiene (¡y hasta glorifica!) estructuras que en todas partes han sido consideradas obsoletas desde hace una generación. Un país que ha visto cómo Irlanda, España, Chile, hasta Grecia han prosperado y lo han sobrepasado en dos décadas, implementando los cambios que aquí nadie quiere discutir y mucho menos aprobar. En suma, nuestras inercias nos han hecho autistas, paralizados por la palabrería gastada del siglo XX, condenados a mirarnos el ombligo y renovar nuestras eternas, inútiles querellas, mientras los demás prosperan y sacan de la pobreza a sus poblaciones… que creo que para eso deben estar los gobiernos.
Las reformas estructurales que necesita el país las conocemos todos; no tienen mucha ciencia, no hay ningún misterio: una que cree un sistema fiscal eficiente, sencillo, sin exenciones, con un IVA parejo y un ISR competitivo, que obligue a que paguen impuestos aquéllos que siempre los evaden: onapafos, piratas, ambulantes, “informales”… ésos son los que yo siempre he visto que no pagan un cinco. Una reforma laboral que permita flexibilidad y una nueva relación entre trabajador y empleador, para que las mafias sindicales dejen de ponerle el pie en el cuello a los trabajadores, cesen de espantar la inversión, y que sea la capacidad y la productividad, no el lacayismo, lo que sea recompensado. Una reforma energética que nos permita crecer, antes que PEMEX termine de convertirse en chatarra y la gloriosa CFE nos condene a apagones cubanos dentro de cinco años. Una reforma al sistema judicial que permita tener seguridad a la propiedad, la integridad personal y los compromisos contraídos de manera realmente pronta y expedita. Una reforma educativa… Ya me cansé, la verdad.
Y una señal muy clara del nivel de irresponsabilidad de nuestros políticos, es que las campañas no giraron en torno a eso, lo que en realidad le debe importar a la gente consciente en este país, sino sobre quién era un peligro, quién tenía cuñados ricos, quién lograba que se hicieran pipí los ladrones (aunque Arturo Montiel parece tener muy buena vejiga, por cierto). A la hora de votar, amigo lector, piense en esos cambios que el país pide a gritos, y que ésa sea una de sus motivaciones principales para actuar. No quién tiene mejor dentadura en los cartelones, no quién grita más en los mítines, no quién hizo menos el ridículo; no quién es un ignorante demagogo (que sí es), un mocho (que sí es) o un pillo redomado (que sí es). Piense en el futuro. No podemos dejar que se vuelva a cancelar el futuro, como lo han venido haciendo. México tiene una oportunidad dorada entre este año y el 2025, cuando una mayoría de su población será de adultos jóvenes, con su máximo potencial creativo, intelectual y físico. Si no cambiamos, si no ayudamos a la creación de la riqueza (porque primero hay que crearla para distribuirla, ¿no?), ese enorme potencial humano quedará condenado a la frustración y el fracaso. El futuro está ahí: nos está viendo a los ojos. Tenemos ejemplos a puños en todo el mundo. Y de nosotros depende que se logre avanzar. No de nuestros políticos, que nunca han estado a la altura de las circunstancias ni de este sufrido país. De nosotros. Y la labor de salvar el futuro no termina hoy. Al contrario. Apenas empieza. Sea quien sea el ganador. Lo importante es que gane México. Y no hay de otra. Sólo veo una forma. Lo demás sería botar el futuro a la basura… a donde han ido a dar tantas cosas buenas, tanta gente buena, a lo largo de nuestra historia.
Consejo no pedido para que no lo boten al reciclaje ecológico: Nada más para distraerse estos días, lea “Hotel Honolulu”, de Paul Theroux, divertida galería de personajes y sucesos chuscos, siniestros y extravagantes, contados por el que quizá sea el mejor narrador norteamericano de su generación. Provecho.
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