Más allá de que el ereader vaya o no a desaparecer, seguimos sin poder creer que muchos prefieran leer los ebooks en tablets o incluso en el smartphone antes que en un ereader de tinta electrónica, teniendo en cuenta todas las ventajas que éste tiene. Si nosotros mismos no somos capaces de utilizar apropiadamente lo que la tecnología nos brinda, ¿cómo no vamos a obtener consecuencias como la que vaticina el artículo?
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