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Silvio Manuel Rodríguez Carrillo
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Ya son muchos daños escribiendo.
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Día 41

Es algo más que la carencia, más posiblemente lo contrario. Una situación en la que se responde por exceso antes que por necesidad, porque lo que llevás dentro te aprieta el pecho y sólo escribiendo se afloja la tensión. Y para mí no se trata de imaginar, sino de volcar lo que sé y lo que intuyo intentando dibujarlo en su verdadera dimensión, ni por encima ni por debajo del nivel en el que siento, y ahí la joda, porque un verbo demás o un adverbio de menos te genera el extravío, el error, que sólo te perdonás volviéndolo a intentar.

Uno no saca tiempo del sombrero
al estilo de un mago que ocultista
esconde de los otros el secreto
que hace pueda vivir su doble vida.

Uno escala con prisa el propio ego
y con apuro llega hasta la cima
de los nombres que tiene como ajenos
hasta llegar al propio y más arriba.

Entonces basta sólo unos instantes
para descerrojar lo que se siente
y dispararse en verbo desatado.

Entonces uno vence cada tarde
convirtiendo lo rojo en puro verde
con los ojos curtidos por el barro.
Día 41
Día 41
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El mejor incendio de la Roma más alta

Una nueva forma de la antigua lucha. Una nueva frontera para la misma ilimitación del siempre. Así, sin mucho aviso, soy un dolor de mí mismo que intenta entender su origen —mezquino, tribal, necesario incluso— sabiendo que el síntoma marca eso que no soy y que creo ser, que defiendo ser después de haberme exigido disfrutar serlo, porque eso que supuestamente soy generó la aceptación, el aplauso, y un montón de labios besadores que, sin embargo, mira, es lo cierto, después del beso más alto no pudieron entregar si no un silencio absurdo, sí el tatareo de alguna cansioncilla demasiado imbécil.

A esta tensión, que enaltece mi resistencia y rejuvenece de indocilidad y precisión mi reactividad, no sería razonando que la podría vencer; ni que habré de superarla. Todo es paciencia en el laberíntico “sendero” que huye de mí por evitar que me apropie de él. Paciencia curtida de crueldad, esculpida con saña, y decorada con abismos que partiendo de la experiencia —los pies descalzos en el piso frío y húmedo, y no en suelo sacro— parieron primero y desvirgaron después una imaginación andrógina de la que apenas hago recurso, porque sé me crezco en lo adverso, dónde se ven los pingos.

Indefectiblemente no ayuda el clima. Tiene que llover hasta que barrios enteros queden inundados y la humedad domine toda la ciudad para que mis músculos se tensen todavía más al límite del límite y la química de las pastillas puedan, en un guiño, recordarme toda la infamia de la industria farmacológica, todo el fraude como todo el prestigio que habita detrás de cual o tal bandera y recuerde, una vez más, lo irrisorio y lo risible de aquella pretensión de que somos un sólo continente, una misma región, un mismo planeta… una misma mierda que si no jode se deja joder.

¿Cómo desclavarme, así, del asco que me provoca eso que soy, eso que entonces soy, y que tiene otro nombre, que se viste de otra manera, y que anda por ahí diciendo imbecilidades, viviendo estupideces y proclamando la santa inocencia de los pederastas mientras condena la ácida actitud de los resentidos que sin errar una sola puta cifra evitan, desde el siempre, ofender el nombre de cualquiera de los dioses? ¿Cómo entonces no admitir, permitir, y empujar hasta todos los extremos esta tortura de tejidos que se rompen y encallecen, para volver a crecer en una espiral que desaprende la piedad?

El más grande —por amor vuelto lava— entonces, en su derretimiento desde abajo me trepa las entrañas llenándome la garganta, los ojos, el silencio de mi boca, con el brillo de una mirada que es Ella protestando sin violencia, callándose eso que le ¿duele, ofende, molesta, perturba? y me vuelve a mí un cariño turbulento, distante y cercano, como una cajetilla de fósforos dispuesta a convertirse en el mejor incendio de la Roma más alta, y que se acomoda ahí, al alcance de sus posibles caprichos, de sus íntimos deseos, de lo que pueda imaginar, mientras por empatía sea sólo suyo.
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Si te obsesionan los obtusos, observa que las palabras con el prefijo “ob” van con b.
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Diario 38

Siento la tristeza de todo aquello que pudo haber sido y no fue, y siento la alegría de todo aquello que teniendo tanto en contra, finalmente sucedió. Y así, sobre la base de lo que siento, solo puedo imaginar y relatar, nada más. En el patio del tiempo, la memoria fija los conceptos de potencia y acto, y ahora, pensar que ese día pasado puede ser mañana, o dentro de dos años, o hace diez años. Y pensar que es lo mismo, puesto que mientras exista el tiempo —este tiempo—, seguirá existiendo el instante próximo, que en antropología no es más que el presente captando información del “ahora” por un lado, y, por otro, al mismo momento, captar los requerimientos del “futuro”. El beso que hoy diste, el que negaste, y el que deseaste, y el modo en el que sucedieron, proyectando su realización o su negación en el mañana, si es que ese mañana existe. En un plano, concretamente, sería un “si le hubiese hablado”; concretamente, en un plano sería “si los últimos diez años hubiese hecho, todos los días, esto”. Y lo concreto es abstraerse a pura ausencia.

La teoría de los instantes juega con la teoría de la eternidad y, mientras tanto, el mientras tanto no es más que perseverancia, y lo que viene después, nada más que su resultado; resultado incierto, por supuesto. Y así, los resultados del mejor esfuerzo, pero en la dirección incorrecta, y el más leve de los esfuerzos pero en la dirección correcta. Y la idea de la justicia, y la idea del sinceramiento, y la realidad de haberse sido fiel o no, o de haberlo sido, o no, de haberlo intentado, o no. Las cuerdas flojas que no sólo exigen fortaleza, sino también habilidad. Maravilla secreta y expuesta de la arcilla que blanda, por el fuego puede hacerse dura. ¿No te parece? El punto en el que la metáfora roza lo cotidiano, quizá produciendo un entendimiento, quizá la transmisión de un mensaje, realizando el acto que llaman común unión, más allá del tiempo y de los espacios, convergencia de todas las religiones, de todas las relaciones, puesto que ninguna niega que la comunicación sea posible, cuando, antes bien, cada una de ellas señala que la comunicación, cumplidos los pasos, es posible, es posible, es posible.

Ayer hizo sol, y fue el primer día, y en ese primer día le dije que habría días de lluvia, y que eso no nos detendría, y hoy lo realizamos. Ayer no sabía si este hoy existiría para mí, pero me jugué, como lo hacemos los de aquí, y me salió, hoy. Y hoy, sigo sin saber si mañana estaré. Y aunque miro hacia atrás, no es más que para decirte que sólo miro hacia mañana.

Se clava adentro una bandera injusta, porque después de haber vivido injustamente, no hay nada peor que recibir una recompensa. Duele cuando se sufre una injusticia, pero cuando el nudo en la garganta es verdadero, cuando no hay protesta, ni posibilidad de ella, es cuando duele y pesa, porque se nos ha dado un regalo que, impotentes, no tratamos de imponer, sino de compartir, pero no se puede, y así es que cumple el castigo, merecido o no. Si te pasa y lo hablas, te dirán de la autoestima, de la depresión y del estrés. Pero si tan sólo dices, a tu modo, a tu único modo, con tus palabras y gestos, con lo que se te fue dado y nada más, habrás de ser entendido, y lo que te pese en el corazón, en el de otro será liviandad, porque en quien confíes tu alegría que sientes inmerecida, depositarás la idea del vuelo que sólo puede generar la sinceridad de los actos de tu vida.

Mañana será otro mañana, otra cosa, quizá semejante, pero otra cosa, si es que llega a existir. Mañana, hoy, vos, y vivir así, apostando sin querer.


Diario 38
Diario 38
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¿No se le ocurrió a Pence que esos 800 prisioneros podrían ser recibidos y enjuiciados por el gobierno de Siria, o por el de Turquía, o incluso por la Federación Rusa?
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Netflix.
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Todo surge a raíz de una vieja cómoda en la que los mismos fueron hallados por Aurora Bernárdes, albacea y heredera universal de Julio Cortázar, a lo que se suma la tarea de Carles Álvarez, doctor en Filología Hispánica, y quien hiciera una tesis sobre los prólogos del autor.
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Quinto decanato

Pronombre relativo II

Que podría aguantarlo pero nunca con gracia,
que podría vencer sin llegar a vencerse,
alcanzar todo nombre tan sólo por quererse,
estar entre las sombras de la triste desgracia
por no saber hacerse un destino de audacia,
mientras unas músicas le muerden los talones
de las que no creador se repite sus dones,
en tanto que decide sobre lo que razona
sin así percibir que solo se abandona
a la locura eterna de reyes y peones.

Que recurre al recuerdo porque el hoy no le basta,
que aferra lo posible porque en todo imposible
habitan miedos hondos y algún hecho punible;
que yaciendo desnudo nadie nota su casta
aunque ignorante siente la vergüenza que aplasta;
que la meta es lejana como cualquier estrella
captada por el mismo que capta una botella,
y que no existe intento que no tenga propósito
aunque uno se silencie ese primer depósito
hecho a nombre del sueño, de su marca y su huella.

Que a veces es ya tarde cuando se va orillando
a comprender al tiempo sólo de poco a poco,
que todo es real, cierto, y que el transitar loco
cura como lastima porque deja soñando
al límite del límite con clara voz de mando
en la punta del dedo que crea porque sabe.
Que uno fatiga ojos porque dentro le cabe
que otro andará el camino con y sin egoísmo
en la duplicidad de ningún heroísmo
hasta que todo cambie y de nuevo no acabe
Pronombre relativo II
Pronombre relativo II
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N - 5

Hay cosas que le pasan, la locura
por ejemplo, las ganas de comer
un asado de piña tras coger,
y quemarle la biblia a algún cura

en plena procesión de viernes santo.
Fusilar a los viejos con bigotes
y ordenar que en los álgidos escotes
sea de ley portar un sol de espanto.

O vomitar cariño en callejones
donde se ignoran patrias y naciones,
como si la estulticia fuese acaso

bandera limpia y pura de su ocaso.
Pero vuelve a los días tan amable
que no sentimos vive lo execrable.
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Una crítica al arte moderno, la cual incluye, por supuesto, a la literatura que se quiere pasar por tal, siendo realmente una patraña, sobre todo en lo concerniente a la poesía.
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