Desde un barrio vulnerable en la ciudad capital de Argentina hasta una zona remota en la región de la Puna, al norte del país. En Argentina y en toda la región todavía hay muchos sitios donde no ha llegado Internet y las poblaciones se mantienen aisladas y sin posibilidades de crecer a través de esta herramienta. El proyecto Atalaya Sur, del que forma parte Manuela González, trabaja desde el año 2014 para revertir esta problemática en el país. ¡Conoce cómo trabaja este gran equipo!

País / Comunidad donde se desarrolla el proyecto
En proyecto se desarrolla en Argentina, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en la provincia de Jujuy.

Breve descripción del proyecto: ¿podrías contarnos en pocas líneas en qué
consiste tu trabajo en tu comunidad?

Atalaya Sur desarrolla redes comunitarias de conectividad en aquellas localidades (zonas rurales, asentamientos, etc.) donde no presta servicio el sector privado (o bien no es asequible) y tampoco ha llegado el Estado con alguna iniciativa pública. El objetivo no es sólo garantizar la conectividad, sino una apropiación popular de la tecnología para propiciar espacios públicos en las comunidades, promover a los usuarios como generadores de contenidos, propulsar vocaciones tecnológicas y desarrollar capacidades técnicas a nivel territorial y comunitario.

Comenzamos en el año 2014 en la Villa 20 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un asentamiento en el cual habitan más de 30.000 personas en situación de gran vulnerabilidad económica y social. Allí, así como no existe una red de servicios básicos tampoco existe la posibilidad de contratar un proveedor legal de internet. En este sentido, el acceso a internet no está democratizado y porciones considerables de su población permanecen al margen del fenómeno.

Con la idea de lograr el acceso asequible de la población a Internet y a las TIC, desarrollamos una Red WIFI pública, libre y gratuita que cuenta con 27 puntos de acceso ubicados en las principales calles del asentamiento. El desarrollo de esta estrategia significó un desafío desde lo técnico, puesto que era una experiencia que tenía pocos precedentes, y desde la usabilidad en tanto que nos propusimos transformar la lógica del consumo que impera en el mercado por una nueva lógica basada en la participación y la comunicación democrática. Para ello, desarrollamos el portal www.villa20.org.ar y se consolidaron espacios de capacitación en TICs al servicio de la producción de contenidos locales.

La planificación e instalación de la infraestructura, que combina el uso de fibra óptica y radiofrecuencia, estuvo acompañada por capacitaciones en redes destinadas a jóvenes del barrio. Esto permitió consolidar un equipo técnico que da soporte a la red y cuya formación ayudó a la replicabilidad de la experiencia en otros territorios.

Actualmente, para ampliar el acceso a internet, estamos consolidando una cooperativa de servicios en Villa 20 (la cual ya tiene expediente en trámite) que a través del uso y apropiación por parte de los usuarios posibilite la llegada de internet a los hogares de manera legal y de calidad.

En 2016 comenzamos a trabajar en la región Puna de la provincia de Jujuy, en donde las comunidades tienen un acceso extremadamente limitado a internet debido la falta de inversión de las grandes empresas de telecomunicaciones. Frente a la falta de internet, se desarrolló la Red Social Chaski, una intranet comunitaria que a través de una combinación de infraestructura en telecomunicaciones y desarrollo de plataformas en software libre permitió la construcción de un medio de comunicación local con una fuerte impronta educativa, tecnológica y cultural, que permite una experiencia de organización de los usuarios antes de la llegada de la banda ancha para que la tecnología sirva como reafirmación cultural. Para ello cuenta con servicios gratuitos de mensajería, videotecas, bibliotecas y telefonía IP.

Actualmente la Red Chaski conecta La Quiaca (a través de 51 puntos de acceso público ubicados en plazas y calles) con Cieneguillas, un pueblo de 450 habitantes a 35km de la ciudad, que no contaba tampoco con telefonía. La infraestructura fue desarrollada por jóvenes de la Villa 20 y miembros de las comunidades. El proyecto cuenta con la participación activa de una multiplicidad de actores de la comunidad tales como comisionados municipales, escuelas, sindicatos, centros de estudiantes, cooperativas e iglesias.

En Cieneguillas, se está avanzando en la conexión a internet de manera pública y
gratuita.

En lo personal, ¿qué te motivó a llevar a cabo esta iniciativa?

Desde nuestra experiencia territorial en villas y asentamientos marginales, nos propusimos generar un medio para comunicar las experiencias y demandas de estos territorios olvidados y estigmatizados. La llamada “brecha digital” tiene consecuencias no sólo en una drástica reducción en las oportunidades de trabajo, acceso a la educación y la cultura, sino además en la instalación de problemáticas y reivindicaciones en la esfera pública. La configuración de la opinión pública que tiene incidencia en la toma de decisiones comprende a un segmento limitado de la población, básicamente a sectores que ya disponen de estas herramientas, cuestión determinada fuertemente por la pertenencia de clase.

En este sentido, la tecnología fue la herramienta para crear nuevos formatos de inclusión, interacción, coordinación y cooperación. El sistema multimodal de comunicación interactiva crea oportunidades para que nuevas modalidades y estrategias comunicacionales ocupen las redes, reconfigurándolas y poniendo en circulación valores, intereses y proyectos. En este sentido, y como en cualquier tecnología social, existe un potencial democratizador en las nuevas tecnologías. Es por ello que pensando a la tecnología como una herramienta con gran potencia de organización y transformación, avanzamos en el desarrollo de redes comunitarias de conectividad, el desarrollo de capacitaciones de apropiación tecnológica en diversas áreas y la producción de contenidos y nuevos discursos en cada territorio para promover y viabilizar la creación local, desde una perspectiva que dispute las lógicas del mero consumo, para construir otras distintas basadas en la participación y la comunicación democrática, entendida como derecho humano.

¿Podrías brindarnos ejemplos concretos de cómo Internet impactó positivamente en esa comunidad?

En las notas que te adjunto figuran algunos testimonios de vecinos y vecinas que forman parte de nuestras redes.

La conectividad comunitaria es una realidad en la villa 20 al impulso de una
organización social: https://goo.gl/RYBBey
Cómo llevar Internet desde Lugano a Jujuy: https://goo.gl/EBR51y
Testimonio Juan José Rivera – Integrante de la Red de Wifi Villa 20: https://goo.gl/2EM1ss
Red Chaski: https://goo.gl/KFa7KH

Oscar Cari, comisionado municipal de Cieneguillas, destacó la importancia de la herramienta: “Hoy es un día histórico porque hasta hace poco pensábamos que era difícil la conectividad pero gracias al esfuerzo de muchos vecinos, con la gente de la Red Chaski, logramos la conectividad y la telefonía gratis. Somos el primer pueblo que va a tener esta conectividad a nivel rural y se va a extender a otras jurisdicciones” (…)

“Consideran que los pueblos de la Puna no necesitan comunicarse porque para ellos no es rentable, entonces hemos estado en el olvido, tanto por parte de empresas privadas como de organismos del Estado”, planteó Héctor Lino Castro, director del Ceija Idear-La Quiaca. Según las estadísticas que publica el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), al primer semestre de 2016 la provincia de Jujuy contaba con 7,94 accesos cada 100 habitantes a la telefonía fija y 5,81 accesos a internet fija cada 100 habitantes; en ambos casos por debajo de la media nacional.

Los más jóvenes fueron los primeros en participar de las pruebas piloto. Brandon es
uno de los usuarios pioneros, está en 2º año del secundario, vive de lunes a viernes
en un albergue y los fines de semana vuelve a su pueblo, Lagunillas. Además de la
posibilidad de comunicarse con sus compañeros, destaca los materiales educativos: “en la enciclopedia de la Red Chaski podemos buscar cosas que a veces nos piden y no encontramos en los libros que tenemos en la biblioteca, o ver documentales y saber un poco más del mundo”. Su amigo Isaías lo escucha atento y agrega: “nosotros le explicamos a los profesores como se pueden conectar, como se pueden registrar”.

Una red comunitaria nace en La Quiaca: https://goo.gl/KXsAbE

¿Podrías dar algunas recomendaciones para otras personas de la región que
quieren llevar a cabo proyectos similares en sus propios poblados?

Por nuestra experiencia, estamos convencidos de que cualquier proyecto de conectividad comunitaria requiere de la organización de las comunidades, de sus necesidades e intereses, y de procesos de apropiación de la tecnología.

Internet debe ser un servicio público y debe estar garantizado para todos. Para eso hay que incluir actores que hoy no están incorporados. Pero también es necesario que la comunidad pueda asimilar el impacto de la tecnología a partir de referencias territoriales, de instituciones intermedias como sindicatos, escuelas, centros educativos, organizaciones sociales, de manera que la tecnología sea utilizada como reivindicación territorial y no como barrido cultural, que sirva para potenciar lazos comunitarios que existen y no para sustituirlos como una comunidad virtual insustancial respecto a sus raíces sociales.

Lo interesante es apoyarnos en las tecnologías de telecomunicaciones para la constitución de un espacio público, un espacio de participación irrestricto de los vecinos y vecinas.

Quienes deseen contactarse con Atalaya Sur pueden contactarse a su correo: proyectoatalayasur@gmail.com o a su cuenta de Facebook: https://goo.gl/6YxEot
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