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Elena “Escritora Uruguaya” Solís
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Elena Solís, escritora uruguaya
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Comentarios oportunos
Cuando escribimos sobre atropellos, abuso y dominación,
recibiremos el golpe duro y debemos protegernos, tanto de los abusadores como de
sus secuaces, y más aún, mucho más aun, de sus víctimas.  Las víctimas jamás nos perdonarán.  

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Poemas
Me destripás  Para hacerme el amor me destripás. Me hablás de mi hijo. Aflojás el corazón y el pulmón izquierdo. De mi hija, los quitás y los apartás dejándolos caer al lado
de tu sofá. Me hablás de mi madre. Ponés el bisturí en el lóbulo derecho de mi cere...

Volví con mi hijo del colegio. Entramos a casa solo de paso, no nos sacamos la ropa de calle, solo dejamos las mochilas para que los imbéciles del supermercado no nos pidan que lo dejemos en esos cubículos en los que las llaves no funcionan y se te queda todo ahí metido. Entonces tenés que pedirle al encargado que venga a abrirlo y te morís de hambre y todo eso. Así que no nos cambiamos, solo tiramos las mochilas al piso, la de él y la mía. Y ahí sí que fuimos al super. Compramos unas cosas. Cuando volví entré con él a casa otra vez. Ya había caído la noche así que estaba oscuro, por lo que demoré un rato en encontrar la llave de luz. Los arquitectos de la época en que se construyó mi apartamento, hace unos cien años, no tenían planeado que una podía volver a las corridas de algún lado con su hijo sin un mayordomo ni una empleada ni un hombre. Ni nada que ayude en ese momento, aunque sea en ese momento y en ningún otro de la vida. Porque ese es el único momento de mierda en que yo necesito que alguien me ayude, cuando vuelvo del supermercado llena de bolsas y con mi hijo. Ta, ahí sí nos sacamos las cosas. Le dije chiquicientas millones de veces que se sacara el uniforme antes de tomar la leche para que no se lo ensuciara. No me importa par nada que se lo ensucie, pero a la maestra sí. Entonces lo rezonga y a él no le gusta que lo rezonguen y a mí no me gusta que le hagan cosas que no le gustan. Por eso lo obligo a sacarse el uniforme para tomar la leche en esa cadena de obligaciones del orto que una asume cada día. Se sacó el uniforme y me senté con él a tomar la leche. Aunque yo no uso uniforme me cambié. Me puse una ropa de entre casa, que es mucho peor aun que la ropa de calle. El insistió con prender la computadora. Yo acepté que la prendiera, pero para que la usara yo, pues tenía que trabajar. Ahí sí volvió a cambiarse entusiasmado, porque vino Rodrigo, el vecino del pasillo, porque mi apartamento, por suerte, es en un pasillo, no en un edificio. Eso facilita el juntadero de chiquilines a jugar al fútbol en una cancha larga y sin arcos. Los arcos son las puertas de los vecinos del fondo, la mía pocas veces recibe algún golpe. Yo trabajé todo lo que pude, barajando con dificultad, me cuesta bastante comprender lo que está bien y lo que está mal para mis vecinos, barajando la posibilidad de rezongarlo o no según los decibeles, los golpes en las puertas y las palabrotas. ¿Alguien puede decirme si la expresión”puta madre, la concha de tu madre” sigue siendo imperdonable? Cuando terminé de trabajar lo llamé a cenar, no porque fuera la hora apropiada, sino porque había terminado de trabajar. Llegó todo transpirado y muerto de sueño. No prendí el calefón porque tendría que esperar al menos una hora más para que el agua estuviera caliente y él se bañara, así que lo mandé a la cama. Mi jefa me llamó para decirme que ese documento que le había mandado estaba todo mal, que tenía 24 horas para hacerlo todo de nuevo de acuerdo a las indicaciones que ella decía que me repetía pero era la primera vez que yo las escuchaba. Un poco antes de que mi hijo se acueste me acuerdo de mi perra. Mi perra Juana. Digo “Juana” y Juana no aparece. Mi hijo dice “Juana”. Y Juana no aparece. Mi apartamento es muy pequeño. Siempre que yo digo “Juana”, Juana viene moviendo la cola esperando un mimo. Juana no apareció esta vez. Siempre que voy al supermercado la dejo esperando en la puerta. Hacía cinco horas que había ido al supermercado. Salí corriendo a buscarla. No la encontré en el lugar donde la habría atado. Corrí por todo el barrio. Me metí en el parque. Grité Juana, Juana. Cuando la policía empezó a acercarse ya estaba amaneciendo, salí corriendo para casa. Mi hijo estaba dormido en el sofá. Juana estaba a su lado. Me sentí muy feliz, muy feliz, tanto que lloré. Pensé en Juana y en mi hijo y en todas estas cosas que están ocurriendo. Volví a confiar en mí misma, nunca se perdería mi perra. Llevé a mi hijo a su cama. Me acosté en la mía. Juana sobre mis pies. Qué tranquila estaba Juana, qué tranquila estaba.

Sobre discriminación y buenos consejos. Me molesta mucho que me aconsejen salir de lugar de escritora lesbiana. En primer lugar, yo no me he puesto en ese lugar. El hecho de haber escrito un libro que refiere muy claramente a mis vivencias como mujer lesbiana, aun siendo un libro muy autobiográfico, no me hace, de ninguna manera una escritora dedicada a la causa. Ni siquiera el hecho de haber participado en programas en los medios de comunicación refiriéndome a esa causa. Escribo desde hace muchos años, mi primer publicación fue en el 2004, y únicamente “Yo quería ser Elena Solís”, es un libro que trata abiertamente el tema. Es evidente, que el hecho de quedar etiquetada como la escritora lesbiana, solo por haber escrito un libro que, de una forma u otra, aborda este tema, constituye un acto discriminatorio. Claro que soy lesbiana, pero eso no significa que solo escriba sobre ser lesbiana. Sabía que esto ocurriría, claro. Sabía que, luego de la edición, tendría que remar para demostrar que puedo escribir sobre otras cosas y lo estoy haciendo porque lo deseo, no por menospreciar al público LGBT, si es que tal cosa existe, merece todo mi respeto, entre otras cosas, por su volumen. No por eso, sino porque quiero, porque tengo ganas de escribir como lo hice toda mi vida.
Pero todavía más grave es cuando mis allegados, mis seres queridos, se acercan a mí para aconsejarme salir de esa identificación. No hay nada que me reviente más que eso. Ellos dicen no estar discriminándome, pero quieren cuidarme de que la sociedad me discrimine. Es la tontería más irresponsable que me pueden decir. Todo el que me dice eso, es el primero en discriminarme y en definitiva de descalificarme. Tan difícil es aceptar que si realmente no tiene nada de malo ser lesbiana, nada de malo tiene escribir sobre eso.

El libro de mi autoría “Yo quería ser Elena Solís” yo lo definiría como un libro de autoficción, ¿Qué significa eso? Que partiendo de vivencias muy personales, incluso íntimas, cuento esas vivencias desde mi punto de vista, asumiendo cabalmente todas las subjetividades (ya de por sí diversas) con las que yo misma interpreto la realidad. A eso, le sumo buena parte de una construcción ficticia. Por ejemplo, en el cuento Exámenes, si lo que se cuenta en ese relato hubiera ocurrido (para los que no lo leyeron, una mujer que no quiere hacerse unos exámenes clínicos acepta que su pareja se los haga en su nombre), si eso hubiera ocurrido, digo, yo ahora no estaría escribiendo este post. Por si mis pocos lectores no se han dado cuenta, yo creo personajes miserables, ladrones, adictos, malas madres, y otras deformaciones y escribo las historias desde la primera persona. Esto lo hago porque me sale así, y lo dejo, no lo corrijo, porque yo considero que es una responsabilidad como artista apropiarse de esas miserias, porque en el acto de escribirlas en primera persona estoy contribuyendo, muy humildemente, a no ajenizarlas, debería ser una evidencia, pero me he dado cuenta de que no lo es. Me guío más por la intuición que por el análisis. Intuyo que hay demasiado escrito sobre gente miserable, y que hace falta afirmar “yo soy miserable” y que es mucho más valioso que decir que otro es un miserable. Es una formulación conceptual, una manera de encarar mi narrativa, mi vida es otra cosa.

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Gracias Maritza Luza Castillo, por esta entrevista en La Prensa, Perú y a Dana Contreras, por estar en la búsqueda de escritores latinoamericanos y generarar estos valiosos espacios de expresión y difusión.

http://laprensa.peru.com/cultura/noticia-libros-entrevistas-maritza-luza-castillo-elena-solis-57482

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2015-12-04
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