Las declaraciones recientes,
tan poco agradecidas,
de un deportista campeón mundial
anunciando su despedida de la competición
me han hecho ver una vez más
qué claramente se marcan las dos posiciones ante el mundo
que manifestamos los humanos.

Está el perfil del que se siente acreedor,
es decir,
mantiene y muestra el malestar
de quien está convencido de que el mundo,
los otros,
tienen una deuda por lo que él ha aportado.

Y está quien disfruta de la felicidad
que es saberse deudor con los demás,
con el mundo,
que le han dado más de lo que él pueda corresponder.

En este caso,
y a diferencia de lo que sucede con el dinero,
la deuda no quita la felicidad.
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